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Los 12 antibióticos más usados: para qué sirven y precauciones

- Dra. Olga García Dra. Olga García
Los 12 antibióticos más usados: para qué sirven y precauciones

Los antibióticos son medicamentos destinados a tratar determinadas infecciones causadas por bacterias. Amoxicilina, amoxicilina con ácido clavulánico, azitromicina, fosfomicina o ciprofloxacino son nombres conocidos, pero que un antibiótico sea muy utilizado no significa que sea adecuado para cualquier infección.

En España, los datos publicados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) correspondientes a 2025 muestran que las penicilinas continúan siendo el grupo de antibióticos más utilizado y representan más de la mitad del consumo total. También tienen un peso relevante los macrólidos, otros betalactámicos y las quinolonas. En el conjunto de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo, las penicilinas también son el grupo más consumido en atención comunitaria.

No existe, sin embargo, un ranking universal e invariable de los 12 principios activos más recetados. El consumo cambia según el país, el año, la edad de los pacientes, el ámbito asistencial y las resistencias bacterianas. Por ello, esta selección reúne 12 antibióticos de uso frecuente en la práctica clínica, especialmente en atención primaria, urgencias y determinadas especialidades, y explica para qué pueden utilizarse y qué precauciones conviene conocer.

Un antibiótico que funcionó para una infección anterior puede ser completamente inadecuado para una infección aparentemente similar. La elección depende de la bacteria probable, el lugar de la infección, las resistencias, las alergias y las características del paciente.

Qué son los antibióticos y cuándo sirven

Los antibióticos actúan eliminando bacterias o impidiendo que puedan multiplicarse. Existen muchas familias y cada una tiene actividad frente a determinados microorganismos.

Puedes ampliar esta explicación en nuestra guía sobre cuándo sirven realmente los antibióticos y cómo utilizarlos de forma responsable.

Una idea fundamental es que los antibióticos no tratan las infecciones causadas por virus. Por tanto, no curan por sí mismos un resfriado, la mayoría de los cuadros gripales ni muchas infecciones respiratorias agudas.

Utilizarlos cuando no son necesarios expone al paciente a efectos adversos y favorece la selección de bacterias resistentes. La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia a los antimicrobianos uno de los grandes problemas de salud pública mundial.

Además, cuando existe una infección bacteriana no siempre se utiliza el antibiótico de espectro más amplio. Siempre que sea posible, los profesionales intentan seleccionar un medicamento suficientemente eficaz pero dirigido al microorganismo probable, evitando una exposición innecesaria a antibióticos de amplio espectro.

Los 12 antibióticos más usados

A continuación se describen doce principios activos o combinaciones especialmente conocidos y utilizados. El orden no debe interpretarse como una clasificación exacta por número de recetas, ya que el consumo puede cambiar según el ámbito sanitario y el periodo analizado.

1. Amoxicilina

La amoxicilina pertenece a la familia de las penicilinas y es uno de los antibióticos más utilizados. Actúa interfiriendo en la formación de la pared que protege a determinadas bacterias.

Puede emplearse, dependiendo del microorganismo implicado y de las recomendaciones clínicas, en algunas infecciones como:

  • Determinadas infecciones respiratorias bacterianas.
  • Algunas otitis.
  • Algunas infecciones odontológicas.
  • Ciertas infecciones de la piel.
  • Algunas infecciones urinarias cuando la bacteria es sensible.
  • Tratamientos combinados destinados a eliminar Helicobacter pylori.

La amoxicilina no debería considerarse un tratamiento automático ante dolor de garganta, tos o fiebre. Muchos de estos cuadros son víricos y no necesitan antibióticos.

Entre sus efectos adversos más frecuentes se encuentran molestias digestivas como náuseas o diarrea. También pueden producirse reacciones alérgicas. Una persona con antecedentes de reacción alérgica grave a una penicilina debe comunicarlo siempre al profesional sanitario.

2. Amoxicilina con ácido clavulánico

La combinación de amoxicilina y ácido clavulánico es otro de los antibióticos más conocidos. El ácido clavulánico bloquea determinadas betalactamasas, unas enzimas producidas por algunas bacterias capaces de inactivar la amoxicilina.

Esto permite ampliar su actividad frente a ciertas bacterias resistentes a la amoxicilina sola. Puede utilizarse en algunas infecciones de:

  • Oído.
  • Senos paranasales.
  • Aparato respiratorio.
  • Piel y tejidos blandos.
  • Aparato urinario.
  • Boca y dientes.

Sin embargo, que tenga un espectro más amplio no significa que sea mejor que la amoxicilina para cualquier infección. Utilizar un antibiótico de mayor espectro cuando no se necesita puede aumentar la presión que favorece la aparición de resistencias.

También puede producir molestias digestivas y diarrea. El profesional debe conocer cualquier antecedente de alergia a penicilinas o problemas hepáticos relacionados previamente con este medicamento.

3. Azitromicina

La azitromicina pertenece al grupo de los macrólidos. Es un antibiótico conocido porque alcanza concentraciones prolongadas en los tejidos y se utiliza frente a determinadas bacterias respiratorias y otros microorganismos.

Según el diagnóstico y las resistencias locales, puede formar parte del tratamiento de algunas:

  • Infecciones respiratorias bacterianas.
  • Infecciones por bacterias denominadas atípicas.
  • Infecciones de transmisión sexual concretas.
  • Infecciones en pacientes en los que determinados antibióticos no resultan apropiados.

Su gran popularidad ha favorecido en ocasiones un uso excesivo. La AEMPS y las autoridades europeas han revisado sus indicaciones para favorecer un empleo más prudente debido al riesgo de desarrollo de resistencias.

La azitromicina puede producir molestias gastrointestinales y presenta interacciones o precauciones especiales en algunas personas con problemas del ritmo cardiaco o que reciben determinados medicamentos.

4. Claritromicina

La claritromicina también pertenece a los macrólidos. Tiene actividad frente a diferentes bacterias y puede utilizarse en determinadas infecciones respiratorias y otras infecciones específicas.

Uno de sus usos conocidos es como parte de algunos esquemas destinados a erradicar Helicobacter pylori, aunque el tratamiento adecuado depende de las resistencias bacterianas y de las recomendaciones clínicas vigentes.

También puede utilizarse en determinadas infecciones por micobacterias y en situaciones concretas en las que se considere apropiada frente a bacterias sensibles.

La claritromicina merece especial atención por sus interacciones con otros medicamentos. Puede modificar el metabolismo de diferentes fármacos y tampoco es adecuada para todos los pacientes con trastornos del ritmo cardiaco. Por ello, es importante que el médico o farmacéutico conozca todos los medicamentos y suplementos que toma la persona.

5. Doxiciclina

La doxiciclina pertenece a las tetraciclinas. Impide que las bacterias fabriquen determinadas proteínas necesarias para crecer y multiplicarse.

Su campo de utilización es diferente al de muchas penicilinas. Puede emplearse en determinadas situaciones como:

  • Algunas infecciones respiratorias.
  • Enfermedades transmitidas por garrapatas.
  • Algunas infecciones de transmisión sexual.
  • Determinadas infecciones de la piel.
  • Acné, en situaciones seleccionadas.
  • Algunas infecciones provocadas por microorganismos intracelulares.

También puede utilizarse para prevenir determinadas infecciones transmitidas por vectores en circunstancias específicas.

Una precaución característica es la fotosensibilidad, que puede hacer que la piel reaccione con mayor intensidad al sol. Además, su absorción puede verse afectada por determinados minerales, suplementos o medicamentos.

Su utilización durante el embarazo y en determinados grupos de edad requiere valoración profesional. No debe iniciarse por cuenta propia simplemente porque haya sido útil en una ocasión anterior.

6. Cefuroxima

La cefuroxima pertenece al grupo de las cefalosporinas, antibióticos betalactámicos relacionados estructuralmente con las penicilinas.

Puede utilizarse para tratar determinadas infecciones bacterianas respiratorias, urinarias, cutáneas o relacionadas con otros órganos cuando el microorganismo es sensible y su empleo está indicado.

Al igual que ocurre con otros antibióticos, la decisión depende del tipo de infección. Que una cefalosporina tenga actividad frente a muchas bacterias no significa que sea la opción correcta para cualquier cuadro respiratorio.

Los efectos secundarios gastrointestinales son relativamente habituales. También pueden producirse reacciones alérgicas y es importante comunicar antecedentes de alergias graves a betalactámicos.

7. Cefixima

La cefixima es otra cefalosporina utilizada por vía oral. Puede actuar frente a determinadas bacterias responsables de infecciones respiratorias, urinarias u otras infecciones específicas.

Su utilización ha cambiado con el tiempo debido a la evolución de las resistencias. En algunas enfermedades para las que anteriormente se empleaban determinadas cefalosporinas orales, las recomendaciones actuales pueden preferir otros antibióticos.

Esta evolución demuestra por qué no es conveniente elegir un antibiótico basándose únicamente en experiencias previas. Una bacteria puede dejar de ser sensible a un medicamento que hace años funcionaba con frecuencia.

Entre los efectos adversos posibles aparecen diarrea, náuseas y molestias abdominales. Como ocurre con otras cefalosporinas, las alergias también deben tenerse en cuenta.

8. Fosfomicina

La fosfomicina tiene un papel especialmente conocido en determinadas infecciones urinarias. Interfiere en la formación de la pared bacteriana mediante un mecanismo diferente al de las penicilinas.

En España tiene especial importancia en el tratamiento de determinadas infecciones urinarias no complicadas cuando está indicada. La clasificación adaptada por las autoridades sanitarias españolas ha situado la fosfomicina oral entre los antibióticos de acceso preferente para determinadas situaciones clínicas.

Esto no significa que cualquier molestia urinaria deba tratarse automáticamente con fosfomicina. Síntomas como escozor al orinar, aumento de la frecuencia urinaria o dolor pueden tener diferentes causas, y una infección de riñón necesita una valoración distinta a una infección localizada en la vejiga.

La selección del tratamiento depende además del sexo, la edad, el embarazo, la función renal, los antecedentes de infecciones urinarias y las resistencias de las bacterias locales.

9. Nitrofurantoína

La nitrofurantoína es otro antibiótico utilizado principalmente para determinadas infecciones del tracto urinario. Alcanza concentraciones elevadas en la orina, lo que explica gran parte de su utilidad clínica.

Puede ser apropiada para algunas infecciones urinarias bajas, pero no sirve para todas las infecciones urinarias. Cuando existe sospecha de afectación renal, fiebre alta, dolor en la zona lumbar o enfermedad sistémica, el abordaje puede ser diferente.

La función renal también influye en la posibilidad de utilizarla de forma adecuada.

Aunque los tratamientos habituales suelen ser bien tolerados, existen efectos adversos poco frecuentes que afectan al pulmón, al hígado o al sistema nervioso, especialmente en determinadas circunstancias o exposiciones prolongadas. Por eso debe utilizarse bajo indicación sanitaria.

10. Ciprofloxacino

El ciprofloxacino pertenece a las fluoroquinolonas. Esta familia posee actividad frente a numerosas bacterias y durante años se utilizó ampliamente en diferentes tipos de infecciones.

Puede seguir teniendo un papel importante en determinados cuadros, entre ellos algunas infecciones urinarias complicadas, infecciones gastrointestinales, prostatitis y otras infecciones producidas por bacterias sensibles.

Sin embargo, las autoridades sanitarias europeas han establecido importantes restricciones al uso de las fluoroquinolonas debido a la posibilidad, poco frecuente pero relevante, de reacciones adversas graves, prolongadas y potencialmente irreversibles.

Entre los problemas descritos se encuentran lesiones de tendones y determinados efectos sobre músculos, articulaciones, nervios y sistema nervioso. El riesgo puede ser mayor en algunos pacientes.

Por esta razón, el ciprofloxacino no debería utilizarse para infecciones leves cuando existen alternativas apropiadas con un perfil beneficio-riesgo más favorable.

11. Levofloxacino

El levofloxacino pertenece a la misma familia que el ciprofloxacino. Tiene actividad frente a diferentes bacterias respiratorias, urinarias y de otros órganos.

Puede utilizarse en determinados casos de neumonía, infecciones urinarias, infecciones prostáticas o infecciones cutáneas, entre otras indicaciones autorizadas.

Sin embargo, está sometido a las mismas precauciones generales que el resto de fluoroquinolonas sistémicas. No debe interpretarse como un antibiótico más potente que conviene reservar en casa para cuando una infección parece intensa.

El médico debe valorar cuidadosamente los beneficios y riesgos, especialmente en personas mayores, pacientes con antecedentes de problemas tendinosos o determinadas enfermedades y quienes toman medicamentos que pueden aumentar algunos riesgos.

12. Metronidazol

El metronidazol pertenece al grupo de los nitroimidazoles y tiene una actividad diferente a muchos de los antibióticos anteriores. Resulta especialmente útil frente a determinadas bacterias anaerobias, es decir, bacterias capaces de desarrollarse en ambientes con poco oxígeno.

Puede utilizarse en ciertas infecciones:

  • Abdominales.
  • Digestivas.
  • Ginecológicas.
  • Odontológicas.
  • De piel y tejidos.

También actúa frente a algunos protozoos, por lo que técnicamente tiene aplicaciones que van más allá de las infecciones bacterianas.

El metronidazol puede producir sabor metálico, náuseas y molestias digestivas. Además, presenta interacciones relevantes con determinados medicamentos. El profesional debe revisar los tratamientos concomitantes antes de prescribirlo.

Tabla resumen de los antibióticos más habituales

Antibiótico Familia Algunos usos habituales
Amoxicilina Penicilina Algunas infecciones respiratorias, odontológicas y otras infecciones bacterianas sensibles
Amoxicilina con ácido clavulánico Penicilina más inhibidor de betalactamasa Algunas infecciones respiratorias, cutáneas, odontológicas y urinarias
Azitromicina Macrólido Determinadas infecciones respiratorias y algunas infecciones específicas
Claritromicina Macrólido Algunas infecciones respiratorias y tratamientos combinados frente a H. pylori
Doxiciclina Tetraciclina Infecciones transmitidas por vectores, algunas ITS, acné y determinadas infecciones respiratorias
Cefuroxima Cefalosporina Determinadas infecciones respiratorias, urinarias y cutáneas
Cefixima Cefalosporina Algunas infecciones urinarias, respiratorias y otras infecciones sensibles
Fosfomicina Derivado del ácido fosfónico Determinadas infecciones urinarias
Nitrofurantoína Nitrofurano Principalmente determinadas infecciones urinarias bajas
Ciprofloxacino Fluoroquinolona Algunas infecciones urinarias complicadas, digestivas y otras infecciones específicas
Levofloxacino Fluoroquinolona Determinadas infecciones respiratorias, urinarias y prostáticas
Metronidazol Nitroimidazol Infecciones por bacterias anaerobias y determinadas infecciones digestivas, ginecológicas u odontológicas

La tabla resume usos posibles, pero no permite escoger un antibiótico sin diagnóstico. Una misma enfermedad puede requerir medicamentos diferentes dependiendo del microorganismo responsable y de las características del paciente.

¿Cómo elige el médico qué antibiótico utilizar?

La elección no suele depender de cuál sea el antibiótico más conocido o más potente. El profesional valora diferentes factores:

  • Localización de la infección.
  • Bacteria que probablemente la está causando.
  • Gravedad de los síntomas.
  • Edad del paciente.
  • Embarazo o lactancia.
  • Función renal y hepática.
  • Alergias conocidas.
  • Medicamentos concomitantes.
  • Tratamientos antibióticos recientes.
  • Resistencias bacterianas habituales en la zona.
  • Resultados de cultivos o antibiogramas cuando están disponibles.

Un antibiograma es una prueba de laboratorio que analiza frente a qué antibióticos es sensible o resistente una bacteria aislada de una muestra del paciente.

En cuadros leves y con una causa muy predecible puede no ser necesario obtener un cultivo. En infecciones graves, recurrentes, complicadas o resistentes, estas pruebas pueden resultar especialmente útiles.

Antibióticos de amplio espectro no significa antibióticos mejores

Los antibióticos de amplio espectro son capaces de actuar frente a un número elevado de tipos bacterianos. Esto puede resultar imprescindible en algunas infecciones, especialmente mientras todavía se desconoce qué microorganismo está implicado.

Sin embargo, utilizar un espectro mayor del necesario también altera más la microbiota y ejerce mayor presión selectiva sobre las bacterias.

Una vez identificado el microorganismo, en determinadas situaciones el médico puede cambiar a un antibiótico más específico. Este proceso forma parte de las estrategias destinadas a utilizar los antimicrobianos de forma responsable.

Por qué no debes tomar restos de antibióticos de otra infección

Guardar antibióticos sobrantes para utilizarlos ante síntomas futuros es una práctica poco recomendable. Aunque dos infecciones produzcan síntomas parecidos, pueden tener causas completamente diferentes.

Por ejemplo, un dolor de garganta puede ser vírico o bacteriano. Una infección urinaria puede estar provocada por una bacteria sensible a un determinado antibiótico o por una bacteria resistente. Una tos puede deberse a un virus, asma, irritación o neumonía, entre muchas otras causas.

Tomar un antibiótico inapropiado puede:

  • No mejorar la enfermedad.
  • Retrasar el diagnóstico correcto.
  • Causar efectos adversos.
  • Interaccionar con otros medicamentos.
  • Favorecer la aparición de resistencias.

Tampoco conviene compartir los antibióticos prescritos a otra persona.

Efectos secundarios que pueden aparecer con los antibióticos

Cada antibiótico tiene su propio perfil de seguridad, pero algunos efectos adversos aparecen con relativa frecuencia en diferentes familias:

  • Náuseas.
  • Dolor abdominal.
  • Diarrea.
  • Alteraciones del gusto.
  • Erupciones cutáneas.
  • Candidiasis después de alterar la microbiota habitual.

En algunos casos puede aparecer diarrea intensa relacionada con una alteración importante de la flora intestinal, incluida la infección por Clostridioides difficile.

Una reacción alérgica también puede producirse con diferentes antibióticos. La aparición de dificultad para respirar, inflamación importante de labios, lengua o garganta, mareo intenso o una reacción cutánea grave requiere atención médica urgente.

Haber tenido molestias digestivas con un antibiótico no significa necesariamente ser alérgico. Una verdadera alergia y un efecto secundario son conceptos diferentes y conviene describir exactamente qué ocurrió al profesional sanitario.

El problema de las resistencias a los antibióticos

La resistencia aparece cuando las bacterias desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a medicamentos que anteriormente podían eliminarlas o impedir su crecimiento.

La persona no se vuelve resistente al antibiótico. Son las bacterias las que adquieren o seleccionan resistencia.

El uso innecesario o incorrecto de los antibióticos acelera este proceso. La OMS estima que aproximadamente una de cada seis infecciones bacterianas confirmadas en laboratorio en el mundo en 2023 presentaba resistencia a los antibióticos utilizados para tratarlas.

España ha reducido progresivamente su consumo durante la última década. Según la AEMPS, el consumo de antibióticos sistémicos en salud humana descendió un 5,1% en 2025 respecto a 2024 y un 18,8% respecto a 2015. Aun así, el uso prudente continúa siendo una prioridad sanitaria.

Cuándo consultar si estás tomando un antibiótico

Cuando un médico prescribe un antibiótico, conviene seguir las instrucciones facilitadas específicamente para ese medicamento y comunicar cualquier efecto inesperado.

Solicita valoración profesional si:

  • Los síntomas empeoran claramente durante el tratamiento.
  • La infección no evoluciona como te habían explicado.
  • Aparece fiebre persistente o un deterioro importante del estado general.
  • Presentas diarrea intensa o persistente.
  • Aparece una erupción cutánea extensa.
  • Experimentas algún efecto adverso que te preocupa.

Busca atención urgente ante dificultad para respirar, inflamación de la cara o la garganta, pérdida de consciencia o signos de una reacción alérgica grave.

No inicies, suspendas, sustituyas ni prolongues un antibiótico por decisión propia. Si aparecen efectos secundarios importantes, contacta con un profesional para saber cómo actuar.

Conclusión

Amoxicilina, amoxicilina con ácido clavulánico y azitromicina se encuentran entre los antibióticos históricamente más utilizados en atención comunitaria en España. También son habituales medicamentos como doxiciclina, determinadas cefalosporinas, fosfomicina, nitrofurantoína, metronidazol y, en situaciones seleccionadas, fluoroquinolonas como ciprofloxacino o levofloxacino.

La principal conclusión, sin embargo, no es memorizar una lista. Cada antibiótico tiene un espectro, unas indicaciones y unos riesgos diferentes. Elegir uno requiere valorar qué infección existe, qué bacteria puede estar implicada y qué factores individuales presenta el paciente.

Utilizar antibióticos únicamente cuando están indicados ayuda tanto al paciente actual como a preservar la eficacia de estos medicamentos para futuras infecciones.

Preguntas Frecuentes

¿Cuál es el antibiótico más utilizado?
El consumo cambia según el país y el ámbito sanitario. En España, las penicilinas son actualmente el grupo más utilizado y representan más de la mitad del consumo total de antibióticos sistémicos, mientras que datos históricos de la AEMPS sitúan a amoxicilina con ácido clavulánico, amoxicilina y azitromicina entre los principios activos más consumidos en atención comunitaria.
¿Cuál es el antibiótico más fuerte?
No existe un antibiótico universalmente más fuerte. Cada medicamento tiene actividad frente a determinadas bacterias y una infección puede responder a un antibiótico de espectro estrecho mientras otro aparentemente más potente resulta ineficaz.
¿Qué antibiótico sirve para una infección de garganta?
Depende de la causa. Muchas infecciones de garganta son víricas y no necesitan antibióticos, mientras que determinadas infecciones bacterianas pueden requerir tratamiento después de una valoración profesional.
¿Qué antibióticos se utilizan más para las infecciones urinarias?
Fosfomicina y nitrofurantoína son opciones utilizadas con frecuencia en determinadas infecciones urinarias bajas, aunque existen otras alternativas. La elección depende del tipo de infección, las resistencias locales, la función renal, el embarazo, el sexo y otros factores clínicos.
¿Se puede tomar amoxicilina para un resfriado?
No debería tomarse amoxicilina para tratar un resfriado común, ya que está causado por virus y los antibióticos actúan frente a bacterias. Usarlos sin necesidad puede causar efectos adversos y favorecer la aparición de resistencias.
¿Puedo tomar un antibiótico que me sobró de otra vez?
No es recomendable. Los mismos síntomas pueden corresponder a enfermedades diferentes y el antibiótico sobrante puede no ser apropiado, estar incompleto o dificultar el diagnóstico y favorecer resistencias.
Dra. Olga García

Escrito por

Dra. Olga García

Médica pediatra

Dr. Alejandro Hernández

Revisado por

Dr. Alejandro Hernández

Médico de familia

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Dra. Olga García. (2026, septiembre 6). Los 12 antibióticos más usados: para qué sirven y precauciones. Médico Guía. https://medicoguia.com/antibioticos-mas-usados

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